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Hablemos de dinero

Por James Hattersley · 4 de diciembre de 2025
Hablemos de dinero

We The Free está movilizando con éxito a una comunidad global de personas veganas comprometidas: activistas con orgullo de serlo que entregan su tiempo y esfuerzo a esta causa compartiendo propósito, pertenencia y visión. Mientras WTF crece a pasos agigantados en número de equipos y personas organizadoras en todo el mundo, y mientras el vínculo con esa red inevitablemente se vuelve más virtual y distante, se vuelve más vital que nunca comunicar de forma clara, accesible y transparente nuestra estrategia, nuestras decisiones y las razones detrás de cada paso. Este artículo forma parte de una serie que busca abrir las puertas de par en par y mostrar cómo funciona We The Free por dentro. Esperamos que te ayude a sentirte más cerca de lo que hacemos.

Conseguir financiación

En los inicios de We The Free, todas las personas involucradas colaborábamos de forma totalmente voluntaria: era un proyecto de pura pasión. En lo personal, yo coordinaba un equipo en una ONG de atención social. En teoría era un trabajo con horario de oficina, pero en la práctica solía convertirse en semanas de más de 60 horas debido a la falta de personal, la alta rotación y la responsabilidad del cargo. Aun así, habiéndome sumado al activismo por los animales solo un par de años antes, pasaba noches enteras sin dormir preguntándome: «¿Cómo puedo marcar la mayor diferencia posible para los animales?». Al igual que el resto del equipo en ese momento, creía tanto en la visión compartida de We The Free que estaba dispuesto a entregar hasta el último minuto de mi tiempo libre para hacerla realidad.

No solo pasaba cada fin de semana apoyando las acciones de nuestros primeros grupos piloto en el Reino Unido, sino que dedicaba cada noche a redactar protocolos, guías, materiales de formación y a colaborar en el diseño web, el plan estratégico y mucho más. Y no podía ser más feliz.

Por aquel entonces, habían surgido varias polémicas dentro del movimiento relacionadas con la mala gestión de recursos, la falta de transparencia y, en algunos casos, fraude. Todo esto generó un ambiente de desconfianza respecto al dinero, tanto en el movimiento en general como dentro de nuestro propio grupo, hasta el punto de convertir el tema económico en un tabú.

El equipo tuvo muy claro desde el principio que, si alguna vez recibíamos financiación, lo haríamos de otra forma. Queríamos total transparencia con las personas y entidades donantes, y jamás perder de vista nuestro compromiso absoluto: asegurarnos de que cada céntimo recibido se destinase del modo más eficaz posible al servicio de nuestra misión.

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Cuando solicitamos y conseguimos nuestra primera subvención, fue porque We The Free había llegado a un punto de inflexión: era ahora o nunca. Tenemos el convencimiento absoluto de que crear equipos de WTF por todo el mundo es necesario y genera un impacto real. Sin embargo, dar un apoyo eficaz a los grupos existentes y expandir la estructura para crear nuevos se estaba volviendo una tarea casi imposible.

Cuando recibí el correo confirmando que una fundación privada nos concedía un fondo semilla inicial para poner en marcha la organización, me puse a saltar y gritar de alegría por toda la casa. Iba a ser una realidad. Íbamos a lanzar oficialmente esta organización y yo podría dedicarle toda mi energía y mi tiempo, en lugar de darle solo lo poco que quedaba de mí tras volver a casa agotado del trabajo. Al mismo tiempo, sentí un agradecimiento enorme porque alguien apostara por lo que habíamos creado, una motivación renovada y una gran certeza sobre el enorme privilegio que suponía (y sigue suponiendo) poder trabajar dentro del movimiento.

«Trabajar en el movimiento»

Es una expresión extraña, porque nunca vimos la defensa de los animales como una carrera profesional. En mi caso, ya había rechazado importantes aumentos de sueldo al decidir trabajar únicamente para organizaciones sociales sin ánimo de lucro en vez de para empresas privadas que me contactaban constantemente por LinkedIn. Después, asumí un recorte salarial importante al dejar mi carrera para ayudar a fundar WTF. Más que verlo como un empleo tradicional o una profesión, en el equipo lo entendimos como un apoyo económico básico para cubrir los gastos de la vida y prescindir de un trabajo convencional. A fin de cuentas, nuestro mayor deseo es que nuestro activismo sea tan eficaz que We The Free deje de ser necesario al haber alcanzado nuestra meta.

¿Y qué cambió una vez que llegó la financiación? A pesar de los sacrificios personales (dejar una profesión que me encantaba y un sueldo mejor), me invadía una sensación de vergüenza cada vez que hablaba con las personas organizadoras con las que llevaba un año haciendo voluntariado codo con codo. Me sorprendía a mí mismo justificando sin cesar por qué era indispensable percibir una remuneración, e incluso compartiendo lo ajustado de mi sueldo por miedo a crear una brecha con quienes militaban sin cobrar nada.

«Cuando era más joven y coordinaba proyectos, mi principal motivo para defender salarios bajos era evitar que creciera la distancia entre quienes cobraban y quienes colaboraban de forma voluntaria. Si los sueldos son modestos, trabajar en el movimiento se percibe como un sacrificio y no como un privilegio, y nadie en el voluntariado se preguntará por qué dedica su tiempo gratis mientras la persona de al lado cobra. Hay además otra razón, más evidente: los sueldos bajos son más económicos y permiten estirar un presupuesto muy ajustado para hacer mucho más». - Aidan Kankyoku, Sandcastles Blog

Mark y Paul Engler argumentan en This Is An Uprising que muchos movimientos sociales con un impacto histórico operaron con presupuestos mínimos y casi sin personal remunerado, apoyándose en el voluntariado y el sacrificio personal. Claro que existen otras posturas. Hay quienes señalan que las industrias a las que nos enfrentamos pagan fortunas para fichar a perfiles de primer nivel, y que para plantarles cara con eficacia necesitamos contar con el mismo talento. Se convierte en una especie de pulso por la opinión pública.

Es innegable que nuestro movimiento suele ser una puerta giratoria por la que entra gente con ilusión y grandes ideas para acabar quemándose y marchándose al cabo de dos años. También es una realidad que, para ciertos perfiles técnicos como el desarrollo web full-stack, resulta casi imposible encontrar personas capacitadas para ganar 200.000 dólares al año más beneficios que acepten trabajar por el salario mínimo, por muy noble que sea la causa.

Cuando me preguntaron sobre este debate, respondí medio en broma que, aunque en el equipo de WTF cobramos muy por debajo de la media del sector, solo necesitaba asegurarme de ahorrar lo suficiente para pagar la terapia que voy a necesitar después de todas «las barbaridades que he visto» desde que empecé en el activismo. Tanto el sufrimiento animal presenciado como el desgaste emocional de tantos conflictos internos pasan factura. Desde entonces, el cambio más significativo ha sido ver crecer a nuestro equipo remunerado hasta rondar las veinte personas —en su mayoría a tiempo parcial— y ser testigo directo de su entrega y de su impacto. Siento la responsabilidad de no aprovecharme de su generosidad y de cuidar su sostenibilidad en el tiempo. Es lo justo y también es lo más eficiente: perder a personas valiosas por agotamiento tras solo dos años sale muy caro, sobre todo al considerar los costes de selección y formación.

Además, he observado un patrón constante en las nuevas incorporaciones. En WTF priorizamos enormemente ofrecer puestos remunerados a personas que ya han colaborado con el proyecto como voluntarias. Más del 80 % de nuestros puestos los ocupan personas con esa trayectoria previa, salvo perfiles técnicos muy específicos que no pudimos cubrir internamente. Y en casi todos los casos de voluntarias o voluntarios que dieron el paso a un puesto remunerado, durante el primer mes expresaron sentir culpa, falta de merecimiento o la sensación de no estar a la altura.

El síndrome de la persona impostora es la incapacidad persistente de creer que el éxito obtenido es merecido o que se ha alcanzado legítimamente gracias al esfuerzo o las habilidades propias. - Diccionario Oxford

Cabe decir que quienes dan el paso y asumen estos roles casi siempre hacen un trabajo extraordinario una vez que superan ese bloqueo inicial. Seguimos percibiendo remuneraciones muy contenidas, muy por debajo de la media del sector, buscando siempre el equilibrio entre optimizar los recursos y evitar la precariedad. También mantenemos un compromiso firme de transparencia con las grandes entidades donantes, que cuentan con acceso a informes financieros detallados e incluso a cada factura o recibo si así lo solicitan. Recientemente incorporamos a una persona de contabilidad para dar un paso más en esta transparencia y generar informes financieros que podamos publicar en la sección de transparencia de nuestra web.

La realidad de los fondos en nuestro movimiento

Aunque el dinero siga viéndose con recelo en nuestro entorno, es una herramienta indispensable. Uno de los comentarios que recibimos de vez en cuando de quienes apoyan económicamente a We The Free es la sorpresa por todo lo que conseguimos con tan poco. Si bien resulta gratificante que reconozcan nuestra austeridad y eficiencia, la realidad es que sostener a un equipo cuesta dinero. Para la inmensa mayoría de las organizaciones sin ánimo de lucro del movimiento, el personal representa con diferencia el gasto anual más significativo; no por avaricia ni por sueldos desmedidos, sino porque incluso un salario básico supone un importe considerable cuando es un gasto recurrente año tras año. Resulta tentador mirar un sueldo de 30.000 dólares y pensar: «Imagina todo lo que podría hacerse donando esto a un santuario de animales». Yo también lo pienso. Por eso mismo tenemos la obligación de maximizar el impacto con cada recurso disponible. El coste de oportunidad existe. A eso se suman muchos otros gastos indispensables para el funcionamiento de una organización: desarrollo web, asesoría legal, gestión de nóminas, seguros y más.

Debido a esa incomodidad al hablar de dinero, a menudo nos cuesta pedirlo. A nivel global, la mayor parte de las donaciones se destinan a causas humanas. Solo alrededor del 3 % va a causas de protección animal. De ese porcentaje, la gran mayoría se dirige a animales de compañía, un 2 % a animales usados en experimentación y apenas un 3 % a animales en granjas. El movimiento global de protección de animales criados para consumo cuenta con un presupuesto anual conjunto de unos 300 millones de dólares. Parece una cifra enorme, pero el movimiento por el clima recibe más de 10.000 millones cada año.

(Fuente: Animal Charity Evaluators).

We The Free, al igual que otras entidades del movimiento, obtiene la mayor parte de sus recursos presentando candidaturas ante fundaciones y entidades donantes comprometidas que comparten la meta de un mundo vegano.

La labor de estas fundaciones es admirable: se financian gracias a unas pocas personas de gran patrimonio que deciden poner sus recursos al servicio de un futuro mejor para los animales en lugar de gastarlos en lujos personales. Las preguntas que no les dejan dormir son exactamente las mismas que nos preocupan a nosotras: ¿cómo utilizar los recursos para lograr el mayor avance posible para los animales? ¿Cómo inclinar la balanza? ¿Qué iniciativas funcionan mejor y qué obstáculos debemos superar? Al igual que nuestro equipo, analizan estudios, revisan datos y aprenden de otros movimientos por la justicia social. Hace poco descubrí un dato curioso sobre una de las fundaciones que lleva años apoyando a We The Free: hace más de una década financiaron el documental que me impulsó a dar el paso hacia el veganismo.

Mi gratitud es absoluta. Y aun así, sigue sin ser suficiente. Las industrias contra las que luchamos invierten ingentes cantidades de dinero en moldear la opinión pública. Contratan a personajes como Rick Berman, conocido como «Dr. Evil», para desgastar la credibilidad de los colectivos animalistas con tal eficacia que, años después, todavía hay activistas repitiendo bulos salidos de sus campañas.

Tampoco es sostenible que el movimiento dependa de manera tan crítica de un grupo tan reducido de grandes donantes. Si tan solo una de esas personas o entidades dejara de aportar mañana, muchas organizaciones cruciales desaparecerían.

La captación de fondos es una habilidad imprescindible. Sin embargo, muchas personas en el activismo de base no la priorizan porque sienten que no «encaja» con el espíritu comunitario... Nada más lejos de la realidad: la construcción de poder colectivo y autonomía siempre ha sido el motor de los movimientos sociales. Las luchas más importantes —desde los derechos laborales y el abolicionismo hasta el sufragio femenino, los derechos civiles y las luchas anticoloniales— salieron adelante gracias al esfuerzo y la financiación de la clase trabajadora, no de las élites ni de grandes empresas. Aquellos movimientos nacieron para combatir la explotación económica y la exclusión política, por lo que no podían esperar que nadie desde las élites financiara su liberación. En su lugar, se autoorganizaron y costearon sus acciones mediante cuotas colectivas, recaudación comunitaria, apoyo mutuo y movilización popular. Si queremos vencer, tenemos que aprender de esa historia y conquistar nuestra propia independencia económica en lugar de depender únicamente de subvenciones externas.

De cara al futuro, ofreceremos formación profesional en captación de fondos de base para activistas. Nos esforzaremos por aprender a pedir apoyo con naturalidad y daremos prioridad a aportaciones mensuales pequeñas y continuas. Seguiremos respaldando la recaudación local mediante iniciativas de fondos duplicados. Y mantendremos un compromiso total de transparencia mientras construimos una cultura de recaudación cercana, optimista y participativa, empezando por las propias personas contratadas en WTF, que ya hemos activado nuestras propias aportaciones mensuales.

Mirando atrás

Al recordar aquellas madrugadas en vela pensando en cómo aportar más a la causa de los animales, resultaba fácil visualizar el impacto de celebrar miles de eventos en las calles. Nunca imaginé que acabaría dedicando tanto tiempo a reflexionar sobre salarios, modelos de financiación y las dudas e incomodidades que conllevan. Pero quizá madurar un movimiento consista precisamente en eso. No podemos quedarnos solo con la parte que emociona y motiva. También tenemos que afrontar lo difícil, con honestidad y de forma colectiva.

No pretendo tener todas las respuestas. Sigo aprendiendo sobre la marcha, igual que cualquier otra persona de esta comunidad. Lo que sí tengo claro es que queremos construir algo auténtico, transparente y que valore y respete a quienes entregan su tiempo y su energía a esta causa. Si hablar de dinero abiertamente nos ayuda a conseguirlo, habrá valido la pena cada momento de incomodidad.

Si has llegado hasta aquí, gracias de corazón. Gracias por interesarte, por leer esto y por estar ahí, de la manera que sea, colaborando de forma voluntaria o contratada. Gracias por formar parte de este movimiento imperfecto, tenaz y lleno de esperanza. Lo estamos construyendo paso a paso, y es un orgullo compartir este camino contigo.