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Piel de conejo: el horror oculto tras el lujo

Por Lee Pillar · 29 de mayo de 2024
Piel de conejo: el horror oculto tras el lujo

La piel de conejo se cuela en todas partes, desde la alta costura hasta las tiendas de tu barrio. Pero ¿cómo se consigue realmente? ¿Es tan inofensiva como nos han hecho creer?

Fuente de la imagen: PETA

¿Por qué seguimos vistiendo pieles?

Mucho antes de que existieran la ganadería industrial o las pasarelas, se cazaba para comer. Sin desperdiciar nada, las pieles protegían del frío y de las inclemencias del tiempo por pura supervivencia. Pero con el paso de los siglos, el mundo cambió: las pieles exóticas se convirtieron en un símbolo de poder y riqueza, y su comercio dio paso a un multimillonario negocio global. Por supuesto, quienes pagan el precio de ese afán de estatus son los animales a los que les fue arrebatada esa piel.

¿Por qué precisamente conejos?

Se eligen porque son baratos, suaves y no pesan nada. Se ven muchísimo en los ribetes de abrigos y gorros, pero también en guantes, bufandas, jerséis, zapatillas, coleteros, llaveros o bolsos. Está infinitamente más extendido de lo que imaginas. Mucha gente compra prendas con pelo de conejo sin tener la menor idea de lo que lleva puesto.

¿Cómo se extrae su pelo?

En la industria se distinguen cuatro tipos principales:

  • Común
  • Rex
  • Satén
  • Angora

Cada uno cambia según la raza. El conejo de angora, por ejemplo, produce un pelo muy tupido y esponjoso, de los más cotizados. El 90 % de la angora mundial procede de macrogranjas en China, donde cada año se crían alrededor de 50 millones de conejos exclusivamente para este fin. Y no es algo exclusivo de allí: todavía existen explotaciones en Dinamarca, España, Italia y Francia, aunque muchas van cerrando o mudándose a Asia, donde la mano de obra abarata los costes a cualquier precio. Investigaciones encubiertas en granjas chinas y europeas a cargo de CAFT, PETA y One Voice han sacado a la luz la brutalidad con la que se les trata: los estiran y retuercen en posturas forzadas para arrancarles el pelo a tirones, a mano o con cuchillas y máquinas.

Fuente de la imagen: PETA

La piel de los conejos es extremadamente fina, por lo que el proceso es una auténtica tortura que les deja la carne viva, magullada y desgarrada. Ante su intento desesperado de huir, quienes trabajan allí los inmovilizan atándolos a mesas, pisándoles las orejas o colgándolos del techo con cuerdas. Les arrancan el pelaje de todo el cuerpo, salvo la cabeza. Casi siempre plenamente conscientes. Se les mantiene con vida para que el pelo vuelva a brotar: pasan por este suplicio cada tres meses durante dos o tres años, hasta que se les envía al matadero. En el caso de la raza de angora, los machos generan menos pelo y no salen tan rentables, por lo que se les descarta y mata a los pocos días de nacer.

El mito del «bienestar animal»

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Fuente de la imagen: Veganuary

En Europa se suele presumir de estándares más altos de «bienestar» frente a los de China. La realidad es que aquí los conejos viven sobre un suelo de rejilla metálica, o bien aislados por completo para que no se peleen y no estropeen su pelo, o hacinados unos sobre otros sin espacio para respirar.

Son animales sociables, curiosos, que necesitan correr, excavar y saltar. De hecho, dar saltos es vital para su desarrollo óseo; al impedírselo, acaban con graves malformaciones en los huesos.

Al aislarles socialmente desarrollan un estrés agudo: muerden los barrotes sin parar, se automutilan o quedan paralizados. En las jaulas compartidas, la frustración y el pánico hacen que se muerdan entre sí, provocándose heridas abiertas que no tardan en infectarse.

El suelo de alambre les destroza las patas. Al carecer de almohadillas protectoras, pasar toda la vida sobre metal les provoca úlceras sangrantes y abscesos constantes.

Prácticamente en cada granja investigada se repite este escenario. Bajo las jaulas se van acumulando montañas de excrementos. El conejo es un animal sumamente pulcro: verse cubierto de suciedad y heces ajenas les causa un sufrimiento constante y propaga virus e infecciones bacterianas. No solo respiran ese hedor tóxico a diario, sino que los vapores de amoníaco les queman los ojos y les causan ceguera y dolorosas conjuntivitis.

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Fuente de la imagen: PETA

La tasa de mortalidad en las granjas europeas ronda el 10-15 %, y en granjas de España se ha llegado a documentar que hasta un 25 % muere directamente dentro de las jaulas. Es una de las tasas de bajas más altas de toda la ganadería intensiva, y la industria ya la da por descontada en sus márgenes de beneficio: asumen y aceptan que miles morirán antes de llegar al matadero.

En China el panorama es aún más desolador: el control veterinario brilla por su ausencia y las jaulas soportan temperaturas extremas. Las imágenes muestran animales jadeando desbocados y salivando sin parar por el calor asfixiante, con la piel en carne viva. Muchos acaban muriendo lentamente de inanición, sed o por infecciones sin tratar.

¿Qué ocurre cuando ya no salen rentables?

En libertad o como animales de compañía pueden vivir entre 7 y 12 años. En estas granjas, al cumplir los dos o tres años se les envía al matadero para aprovechar su carne. Lo habitual es que intenten aturdirlos (muchas veces sin éxito), los cuelguen boca abajo por las patas y les corten el cuello para que se desangren. Personal de investigación de CAFT fue testigo de cómo emitían chillidos agudos y desesperados en plena línea de degüello. Un conejo jamás emite esos sonidos salvo en situaciones de pánico o dolor extremo. Esos chillidos demuestran que siguen plenamente conscientes mientras se desangran.

¿Por qué la industria de la moda no lo deja atrás?

Gracias a la presión y a las imágenes obtenidas por PETA, CAFT y One Voice, muchas marcas han vetado la piel de conejo, entre ellas:

  • Frasers Group
  • Calvin Klein
  • HUGO BOSS
  • Valentino
  • Selfridges
  • Gucci
  • Saint Laurent

Sin embargo, las pieles y lanas de visones, zorros, chinchillas, mapaches, alpacas o cabras siguen llenando estanterías. Millones de seres vivos son encerrados y masacrados cada día por simple vanidad.

Su piel les pertenece a ellos, no a nuestra ropa. Existen infinidad de materiales éticos y de origen vegetal o sintético que no implican tortura alguna:

  • Cáñamo
  • Algodón orgánico
  • Bambú
  • Fibra de soja
  • Tencel
  • Fibra de plátano
  • Poliéster reciclado

Súmate al cambio y di no a la industria peletera: revisa siempre las etiquetas antes de comprar y dales la espalda a las marcas que siguen financiando este maltrato. Si quieres profundizar en cómo se lucran a costa de los animales, haz clic aquí.

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Fuentes y lecturas recomendadas: