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La mayoría abandona el activismo por los animales. Descubre cómo no tirar la toalla.

Por Steven Rouk · 8 de julio de 2024
La mayoría abandona el activismo por los animales. Descubre cómo no tirar la toalla.

Introducción

¿Por qué tantas personas abandonan el veganismo y el activismo, y qué podemos hacer al respecto?

En este artículo vamos a hablar de la perseverancia tenaz o «grit»: esa combinación de pasión y constancia que impulsa el éxito y genera un cambio transformador. Veremos qué es exactamente, por qué resulta imprescindible para ayudar a los animales y cómo desarrollarla.

Pero antes, ¿por qué debería preocuparnos tanto la constancia dentro de nuestro movimiento?

Para empezar, existen estudios que indican que la mayoría de las personas que adoptan el veganismo o el vegetarianismo terminan volviendo a consumir animales. Una sola investigación no basta para ser concluyente, pero otros datos apuntan hacia la misma tendencia. Por ejemplo, la encuestadora Gallup muestra que el porcentaje de personas vegetarianas y veganas en la sociedad se ha mantenido prácticamente estancado durante años en Estados Unidos.

Además, parece que la gran mayoría de personas veganas nunca da el salto a la acción, aunque sobre esto hay mucha menos documentación.

Y entre quienes sí dan el paso y se activan, una gran parte dura muy poco tiempo antes de retirarse.

Por poner un caso cercano: conozco a bastantes personas con las que compartí activismo hace años que hoy ya no participan en ninguna campaña, y algunas ni siquiera siguen siendo veganas o vegetarianas. La inercia del día a día y la presión social las arrastraron de vuelta a la norma establecida.

Y esto le ocurre a demasiada gente en nuestro entorno.

Quienes tropiezan, se levantan y siguen al pie del cañón semana tras semana, mes tras mes y año tras año son una minoría excepcional. Y sin embargo, es precisamente a ese tipo de personas a quienes necesitamos apoyar e impulsar si queremos lograr el impacto real y urgente que los animales necesitan.

Un vuelo revelador

Antes de entrar en materia, quiero compartir una vivencia personal que explica por qué este tema me toca tan de cerca.

Hace unos años, durante un vuelo largo, tuve tiempo para hacer balance de mis proyectos pasados. Deseaba de corazón ayudar a los animales con todas mis fuerzas, pero sentía una frustración enorme al ver que ninguno de mis intentos parecía cuajar del todo.

En lugar de ponerme a diseñar la siguiente campaña —como solía hacer—, decidí revisar punto por punto lo hecho hasta la fecha y preguntarme con honestidad por qué cada iniciativa se había quedado a medio camino (o no había alcanzado lo esperado). Saqué una hoja de papel y anoté cada proyecto emprendido en los últimos años junto con su desenlace.

Pronto me di cuenta de algo fundamental: en realidad, ninguno de esos proyectos había fracasado; simplemente había dejado de dedicarles tiempo. Se habían caído porque yo había dejado de apostar por ellos.

Ni siquiera había «tirado la toalla» de forma consciente. O bien me había dispersado con una idea nueva y tentadora, o las prisas cotidianas me habían hecho descuidar la anterior, o me había topado con algún bache que terminó derivando en una postergación indefinida.

Verlo por escrito fue una auténtica revelación. Si quería que mis futuros proyectos dieran fruto de verdad, tenía que aprender a mantener el compromiso y superar los momentos difíciles.

En pocas palabras: necesitaba mucha más determinación y perseverancia.

Hoy agradezco haber soltado algunas de aquellas ideas; muchas eran flojas y a largo plazo no habrían aportado gran cosa. Pero otras podrían haber llegado lejos. Y de haber tenido entre manos el proyecto perfecto, dudo que en ese momento hubiera tenido la entereza de sacarlo adelante.

Fue en ese avión donde tomé la decisión: iba a aprender a comprometerme a largo plazo y a entrenar esa perseverancia día a día. Porque si de verdad quería marcar una diferencia para los animales, ahí estaba mi verdadero cuello de botella.

Por eso la constancia se convirtió en una prioridad vital para mí, y por eso tengo tanto empeño en ayudar a que más activistas cultiven esa mentalidad de fondo, con la mirada puesta en el largo plazo.

Vayamos al grano.

La primera campaña de Henry Spira

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Henry Spira con su gato rescatado. Fuente: Wikimedia

(Gran parte de esta historia procede de la magnífica biografía Ethics Into Action: Henry Spira and the Animal Rights Movement. El libro aporta muchísimos detalles y es una lectura imprescindible para cualquiera que se dedique a la defensa animal).

Henry Spira llegó a ser una de las figuras más influyentes del siglo XX en la defensa de los animales, pero su andadura comenzó con una campaña modesta contra un único laboratorio en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, donde experimentaban con gatos.

Inspirado por el gato que había adoptado, Spira empezó a replantearse a fondo nuestra relación con las demás especies. Al descubrir la crueldad de la vivisección, se puso a investigar qué experimentos se realizaban en Nueva York, su propia ciudad (llegando a recurrir a solicitudes de acceso a la información pública). Buscaba un objetivo alcanzable: una causa concreta con altas probabilidades de victoria.

Tras analizar la documentación, eligió su frente: un laboratorio situado en pleno corazón de la ciudad, a pocas calles de su casa, donde sometían a gatos a pruebas extrañas, aterradoras e inútiles sobre conducta sexual.

Primero intentó frenar las pruebas por vías privadas. Envió cartas a la dirección del museo, pero nadie respondió. Acudió después al periódico The New York Times para ver si sacaban a la luz semejante aberración; tampoco hubo suerte.

Toda esta fase previa le llevó alrededor de un año, dedicando únicamente sus ratos libres. Trabajaba a jornada completa dando clases de literatura en un instituto, y quemaba las noches y los fines de semana empujando el proyecto; recordemos que en aquella época no había ordenadores.

Llegados a este punto, ante las primeras puertas cerradas, la inmensa mayoría habríamos abandonado. «El museo me ignora», pensaríamos, «y la prensa pasa del tema; será mejor probar otra cosa». O nos habríamos entusiasmado con cualquier otra iniciativa más atractiva.

Para Henry, aquello no era más que el punto de partida.

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Henry Spira en una protesta frente al Museo Americano de Historia Natural. Fuente: libro Ethics Into Action, fotografía de Dan Brinzac.

En julio de 1976, tras preparar el terreno de cara a la opinión pública, Spira convocó la primera concentración frente al museo. Previamente había tejido lazos con otros colectivos y con emisoras de radio locales, asegurándose una base sólida de colaboración y apoyo para cuando estallasen las movilizaciones.

Ahí surgió otra oportunidad para rendirse. Si la primera protesta no surtía efecto, y la segunda tampoco, muchísima gente lo habría dejado correr. Henry y sus aliados redoblaron la apuesta.

Mantuvieron manifestaciones semanales durante todo el crudo invierno de 1976–1977 y a lo largo de toda la primavera siguiente. A la par que protestaban en la calle, buscaban cobertura en cualquier medio posible: radios, prensa escrita, lo que fuera. Henry continuaba contactando con la directiva del museo para exigir el cierre del laboratorio. Junto a sus compañeres, enviaron cartas a los donantes de la institución invitándoles a mostrar su rechazo a las investigaciones. Contrataron anuncios en periódicos. Llegaron incluso a buzonear el vecindario del presidente del patronato del museo para informar a su vecindad de las atrocidades que se cometían bajo su tutela y de que él tenía el poder de detenerlas.

Semana tras semana, mes tras mes, durante más de un año entero, Henry mantuvo la mirada fija en ese único objetivo. El colectivo presionó desde múltiples ángulos con una estrategia milimétrica, sin aflojar la tensión en ningún momento.

Y al final, ganaron.

Lo que sembramos hoy sostiene las victorias de mañana

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Henry Spira y el congresista Ed Koch visitando las instalaciones donde se experimentaba con gatos. Fuente: libro Ethics Into Action.

¿Qué lograron exactamente Henry y su red de apoyo?

Era un laboratorio pequeño; apenas utilizaban unas decenas de gatos al año. Someter a tortura y muerte a docenas de animales es una atrocidad insoportable, por supuesto, pero palidece frente a la escala de animales utilizados en todos los laboratorios del país, por no hablar del panorama mundial. Y esa cifra es mínima comparada con las vidas arrebatadas para consumo alimentario. Si medimos únicamente las vidas rescatadas de forma directa, la victoria fue cuantitativamente reducida.

Sin embargo, el impacto fue mucho más allá. Puso el foco sobre la experimentación animal a escala general y abrió un debate sin precedentes en la opinión pública y en las esferas institucionales. Aquella campaña conectó a Henry con personas clave para sus luchas venideras y sirvió de escuela práctica para dotar a su equipo de herramientas estratégicas de primer nivel.

Pero, por encima de todo, demostró que Henry y su coalición estaban dispuestos a insistir semana tras semana tras semana hasta conseguir un cambio real. Esa credibilidad ganada a pulso fue el arma más poderosa para sus siguientes victorias (algunas de las cuales se lograron en tiempo récord).

Como bien resumió el propio Henry Spira:

«Desde una perspectiva estratégica, si sacas adelante una campaña como la del Museo de Historia Natural, la próxima vez que contactes a alguien —ya sea por carta, teléfono o fax— te tomarán muy en serio, porque saben que tienes antecedentes... Saben que lo que empiezas, lo terminas, y que tu meta es ganar. No buscas hacer activismo por figurar ni armar ruido sin más: vas a ganar.»

— Henry Spira

La trampa de dar el triunfo por sentado

En la victoria de Henry no hubo nada de inevitable.

Pudo haber obviado el trabajo de investigación inicial.

Pudo haber elegido un objetivo al azar sin rigor estratégico.

Pudo no haber enviado esa primera carta, o no haber insistido ante The New York Times.

Pudo no haber buscado apoyos entre los colectivos locales.

Pudo no haber convocado jamás la primera protesta.

Y tras manifestarse cada semana durante diez o veinte jornadas, pudo haber tirado la toalla en la semana once o veintiuna.

Porque durante todo ese camino, el desenlace jamás estuvo garantizado.

Solemos mirar el éxito desde el presente, mirando hacia atrás. Y con esa perspectiva, todo el esfuerzo y los desvelos parecen haber conducido de manera predestinada al triunfo. A veces caemos en el error de imaginar que quienes estaban allí sentían esa certeza por dentro, con la confianza ciega de que el triunfo esperaba a la vuelta de la esquina.

Pero las cosas no funcionan así.

En el barro de la acción, el tropiezo duele y el desgaste se siente como puro desgaste. Rara vez se vislumbra la meta con claridad en el horizonte ni se sabe el día exacto en que se va a alcanzar.

Ni Henry ni su equipo sabían cuándo llegaría la victoria. Pero había algo indiscutible: Henry no pensaba parar hasta lograrlo, costase diez semanas o cien.

La trampa de la inmediatez

Hoy en día puede resultar aún más difícil centrarse en un único proyecto o campaña durante meses, debido al ritmo frenético con el que se mueve todo a nuestro alrededor.

Consumimos contenido en píldoras de siete segundos. La publicidad salta sin tregua de una pantalla a otra. Las noticias se renuevan al instante. Compramos algo desde el sofá a golpe de clic y lo tenemos en casa al día siguiente. Siempre surge una nueva figura de moda en la música, la actuación, las letras o los negocios.

¿Cómo entregarse a una misma causa durante todo un año cuando el entorno va a semejante velocidad?

La realidad es que los cambios profundos avanzan muy despacio, y las transformaciones que presenciamos son la suma de millones de personas empujando a diario su propia parcela de trabajo.

Ese vídeo que consumes en un abrir y cerrar de ojos pudo haber llevado horas, días o semanas de trabajo. La empresa que se viraliza de la noche a la mañana lleva años construyendo sus cimientos y su comunidad. El libro que corona las listas de ventas requirió años de escritura y corrección, y décadas de práctica previa. Detrás de cualquier hito —una película, un cambio legislativo, una campaña social— hay equipos remando juntos durante meses o años.

La primera campaña de Henry Spira exigió más de un año entero de su vida: un año de investigación, redacción, reuniones, protestas y trabajo constante, sumado al respaldo de una red asociativa plenamente comprometida.

Desde el presente tenemos el privilegio de saber que venció, y lo leemos como un titular exprés: «Un grupo de activistas logra clausurar un laboratorio que experimentaba con gatos». Pero ese titular costó más de un año de lucha ininterrumpida.

Aunque las noticias vuelen, las transformaciones de fondo maduran despacio.

Si queremos marcar una diferencia real para los animales, preguntémonos: ¿tenemos la constancia necesaria para sostener un proyecto hasta verlo triunfar?

¿O somos de quienes abandonan al 10 %, al 50 % o al 80 % del camino?

El esfuerzo vale el doble

Y aquí llegamos al eje central: la perseverancia y la determinación («grit»).

Aunque la constancia es una virtud universal, la definición contemporánea de este concepto la popularizó la investigadora y escritora Angela Duckworth en su libro de 2016 Grit: El poder de la pasión y la perseverancia.

Portada del libro Grit, de Angela Duckworth. Fuente: Amazon.

Al analizar una amplia variedad de perfiles para descubrir qué determinaba el éxito a largo plazo, Duckworth constató que el talento natural influye —como es lógico—, pero que la constancia y la capacidad de resistencia pesan incluso más. Su tesis se resume en una idea: «el esfuerzo cuenta el doble», desglosada en dos fórmulas claras:

  • Talento x Esfuerzo = Habilidad
  • Habilidad x Esfuerzo = Logro
  • Por tanto: (Talento x Esfuerzo) x Esfuerzo = Logro

El talento ayuda, pero el esfuerzo cuenta por partida doble. Mantener ese empeño continuado hacia una meta a lo largo del tiempo es, en esencia, lo que define a una persona verdaderamente perseverante.

Perseverancia = Pasión + Constancia

Angela Duckworth desglosa esta tenacidad en dos motores: pasión y constancia.

Con «pasión» no se refiere al entusiasmo impulsivo que arde con fuerza un fin de semana y se apaga a los pocos días. Habla de un compromiso profundo y arraigado con una causa o aspiración, una brújula que otorga sentido y rumbo a lo que haces.

La «constancia», en este contexto, es la capacidad de trabajar duro con regularidad y sobreponerse a los baches, manteniendo el tipo pese a los tropiezos y las frustraciones.

Combinando ambas fuerzas, la determinación implica (1) aferrarse a un mismo propósito a lo largo del tiempo y (2) seguir avanzando sin descanso frente a los obstáculos.

Si quieres saber en qué punto te encuentras, puedes hacer este test de nivel de perseverancia en internet; apenas lleva un par de minutos. El resultado ayuda a prever tu capacidad de culminar lo que te propongas, sea cual sea el ámbito en el que te muevas.

Y lo mejor de todo: la perseverancia no es un rasgo inamovible, se entrena y se fortalece. Más adelante veremos cómo desarrollarla paso a paso.

Volvamos a Henry Spira por un instante.

Para muchas personas, esa primera campaña habría sido también la última. «Vaya paliza, no puedo más», pensarían. Y habrían saltado a otra cosa o se habrían dejado llevar por las aficiones y dinámicas de su entorno social. Para Henry, aquello supuso el arranque de veinte años ininterrumpidos en defensa de los animales que durarían hasta el fin de sus días.

A lo largo de esas dos décadas, junto a las organizaciones con las que colaboró, logró transformar normativas en la industria de la moda, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y cadenas como McDonald’s, empujando cambios paulatinos para erradicar prácticas aberrantes o mitigar al menos el sufrimiento en aquellos casos donde la prohibición total todavía no era factible.

Su primera victoria fue probablemente la más modesta de todas en cuanto a cifras; pero ninguna de las demás habría existido si hubiera abandonado tras esa primera batalla.

Cuando la terquedad juega en contra

Evidentemente, perseverar sin sentido carece de valor. Lo que queremos es ayudar a los animales. Perseguimos objetivos muy concretos y resultados tangibles para frenar la explotación lo antes y mejor posible.

Por eso conviene entender cuándo la constancia puede volverse un estorbo antes de ver cómo potenciarla.

En su obra Amplitud (Range): Por qué los generalistas triunfan en un mundo especializado, David Epstein reconoce la enorme valía del tesón, pero advierte del error de atrincherarse en un camino antes de tener claros nuestros objetivos y prioridades a largo plazo.

Si no tienes la certeza de que tu ruta actual es la adecuada, no te ates a ella para siempre.

Esto cobra especial importancia al arrancar una trayectoria o proyecto. En las etapas iniciales, explorar las distintas opciones resulta infinitamente más valioso que precipitarse a tomar partido. Con mucho camino por delante, merece la pena invertir tiempo en detectar las mejores vías. Si vas a dedicar los próximos dos años a una iniciativa, tiene todo el sentido del mundo pasar varias semanas (o incluso meses) analizando alternativas antes de elegir una.

De igual modo, si te percatas de que la senda escogida no da resultados ni los dará, saber abandonar a tiempo y rectificar el rumbo es un acierto estratégico; Epstein lo denomina «abandono estratégico», una decisión lúcida que permite reorientarse hacia alternativas más eficaces.

Tu nivel de constancia debe ir en paralelo a la seguridad que tengas en la idoneidad del camino elegido frente a las demás alternativas. Y si no cabe una certeza absoluta —vivimos en un mundo complejo e impredecible—, al menos asegúrate de haber explorado las opciones suficientes para tomar una decisión meditada y bien informada.

Esquema que ilustra el valor de explorar opciones antes de consolidar el compromiso. Fuente: Strategyzer

(Para quienes disfrutamos profundizando en estos enfoques y queremos afinar el equilibrio entre tantear opciones y asentarse en una, resulta fascinante el dilema de exploración vs. explotación, abordado con maestría en el libro Algoritmos para la vida cotidiana).

Epstein subraya asimismo la enorme ventaja de contar con una amplia paleta de habilidades y experiencias. Los grandes retos actuales se ubican en el cruce de muy distintas disciplinas. Diversificar tu bagaje te dotará de mejores herramientas para solucionar problemas transversales y enrevesados, frente a los cuales un perfil hiperespecializado suele quedarse sin respuestas.

Cómo cultivar la determinación por los animales

Dejemos clara la importancia de combinar tesón, aprendizaje y estrategia. Pasemos a las claves prácticas para ser personas más constantes, capaces de perseverar y mantener el rumbo ante la adversidad.

Ten la certeza de que puedes mejorar: la mentalidad de crecimiento

El primer requisito para ser más constante es creer firmemente que está en tus manos serlo. Es lo que la psicóloga Carol Dweck describe como «mentalidad de crecimiento» en su libro Mindset: La actitud del éxito.

Dweck demuestra que existen dos enfoques mentales fundamentales: la mentalidad fija y la mentalidad de crecimiento.

Quien tiene una mentalidad fija asume que el talento es algo innato y las personas no cambian. Recurre a frases como «yo no sirvo para esto» o «vaya talento tiene», asumiendo que se nace con ciertas dotes o no, y que no hay mucho que hacer al respecto.

Por el contrario, quien adopta una mentalidad de crecimiento entiende que las capacidades se desarrollan a través del aprendizaje y la dedicación, y que el esfuerzo continuado es el motor del cambio. Dirá cosas como «tengo que poner más empeño para dominar esto» o «el entrenamiento ha dado sus frutos», reconociendo que el trabajo consciente es la base de cualquier mejora real.

Evidentemente, cada persona nace con una genética, un cuerpo y un cerebro particulares que influyen en sus predisposiciones iniciales. Esas diferencias son reales.

Sin embargo, las investigaciones de Dweck y Duckworth han probado que, a largo plazo, la dedicación sostenida pesa muchísimo más que cualquier don inicial (recordemos: «el esfuerzo cuenta el doble»). Las personas tenemos una capacidad asombrosa para transformarnos y adquirir nuevas competencias.

Es innegable que habrá gente con ventajas de partida o privilegios de diversa índole; así funciona el mundo. Pero una dedicación decidida puede compensar con creces la falta de talento inicial.

Quizá hoy no sepas redactar un manifiesto, estructurar una campaña política o lograr que se apruebe una ordenanza de bienestar animal; con suficiente curiosidad, práctica y constancia, puedes aprender a hacerlo todo.

Confiar en tu capacidad de aprendizaje y evolución marca toda la diferencia. Pon la atención en tu implicación activa en lugar de resignarte a la idea limitante de que tus destrezas son inmutables: el progreso llegará.

Para ganar en constancia, el primer paso es confiar en tu propio desarrollo.

Alimenta tu fuego: prueba primero, comprométete después

La perseverancia despliega todo su potencial cuando la enfocas en algo que despierta tu curiosidad y resuena con tus valores más hondos. Para dar con ese propósito, toca probar distintos roles, evaluar sensaciones con espíritu crítico y vincular tu aportación cotidiana con un horizonte transformador (como la liberación animal).

Esa exploración debe situarse al principio del viaje.

Antes de volcarte en exclusiva en una disciplina profesional, conviene probar distintos frentes para ver cuál se ajusta mejor a tu potencial y tus aspiraciones.

Quizá tengas buena mano para la informática, pero en el terreno del derecho encuentres un encaje infinitamente más potente para tus inquietudes y puntos fuertes. Descubrirlo a tiempo te permitirá entregarte al estudio del marco normativo con toda la energía.

En el activismo por los animales sucede exactamente lo mismo.

Existen infinidad de formas de aportar. No te quedes atrapando en el primer formato de voluntariado que te cruces; tal vez no sea el más efectivo, ni el que más te motive, ni el que mejor aproveche lo que sabes hacer. Explora un poco: conoce el abanico de tácticas y proyectos en marcha (o al menos unas cuantas de ellas) antes de decidir dónde vas a concentrar tu energía.

Tampoco se trata de abarcarlo todo de golpe —eso es imposible con un tiempo limitado—. Basta con tantear el terreno lo suficiente para que, cuando elijas involucrarte a fondo, sepas que estás en un lugar con sentido que de verdad encaja con tus talentos e inquietudes.

Cuando empieces a asentar tu camino, párate a pensar y asegúrate de conectar tus tareas diarias con ese propósito superior. En la defensa animal esto sale de forma natural: luchamos por erradicar el sufrimiento y la explotación injusta que padecen millones de seres indefensos. El sentido ya está en el corazón mismo del movimiento. Pero recuérdate con frecuencia por qué estás ahí. Tener claro ese sentido profundo te dará la entereza necesaria cuando las cosas se pongan cuesta arriba.

Entrena con cabeza: práctica deliberada centrada en tus puntos débiles

Pasar el rato haciendo algo de forma casual no tiene nada que ver con ejercitar una habilidad con la intención expresa de superarte. En este terreno brilla con luz propia lo que la psicología llama «práctica deliberada», el método más demostrado para avanzar con solidez.

Imagina que quieres aprender a redactar artículos de opinión sobre derechos animales para publicar en prensa local.

(Un artículo de opinión o tribuna abierta es un texto en el que se expone una perspectiva fundamentada sobre un asunto de actualidad con el fin de abrir el debate y hacer pensar al público lector, tal y como recoge la guía de incidencia del Animal Legal Defense Fund).

Una práctica no deliberada consistiría en sentarte a escribir lo que te salga sin pedir opiniones, sin revisar la técnica ni buscar mejorar. Es algo cómodo, superficial y poco estructurado.

En cambio, la práctica deliberada exige estos pasos:

  1. Fíjate un reto concreto orientado a una habilidad específica. Siguiendo el ejemplo: proponte redactar inicios con gancho que atrapen a quien lee desde la primera frase.
  2. Concéntrate al cien por cien y esfuérzate. Dedica toda tu atención a la tarea, exigiéndote un punto más allá de lo fácil. Debe costar trabajo e incluso despertar cierta frustración. Por ejemplo: pasa diez minutos tomando diez posibles temas y redacta únicamente la primera frase de cada columna.
  3. Consigue una valoración rápida y útil. Este punto es crítico: necesitas saber qué tal lo has hecho y en qué fallas. Lo ideal es contar con la mirada de alguien con más experiencia en medios, aunque cualquier comentario constructivo suma. Si no tienes a nadie a mano, compara tus arranques con los textos de columnas ya publicadas en grandes diarios.
  4. ¡Vuelve a la carga! Repite el ejercicio aplicando de inmediato los comentarios y correcciones que has recibido.

Cualquier actividad repetida mejora destrezas, pero la práctica deliberada multiplica la velocidad y la calidad del aprendizaje. Una sola hora de trabajo focalizado y exigente rinde mucho más que semanas de picoteo improvisado.

Esa misma determinación se entrena a nivel de proyectos. La próxima vez que arranques una iniciativa, plantéate conscientemente llegar más lejos que en ocasiones anteriores. Márcate un plazo cerrado —por ejemplo, seis meses o un año entero— y asume el compromiso firme de no abandonar ante los contratiempos que surjan por el camino.

No caves una zanja con una cuchara

A veces confundimos la perseverancia inteligente con la pura cabezonería de insistir en una dirección equivocada.

No tiene mucho sentido volcar todo tu empeño en cavar una zanja usando una cuchara.

De hecho, la cuchara ni siquiera debería ser una opción. Para eso existen palas, maquinaria pesada y profesionales que dominan el terreno... Bastaría con preguntar a tu alrededor e investigar un poco para ver que hay herramientas infinitamente más idóneas.

Y antes de tocar la tierra, lo prioritario es entender para qué estamos cavando. Dedica tiempo a pensar, investigar y trazar una estrategia básica. ¿Qué otras cosas podrías estar haciendo con esas horas? ¿Qué impacto real tendrá ese hoyo una vez terminado?

Si no hace falta cavar, simplemente no lo hagas.

Ahora bien: si tras contrastar opciones confirmas que esa labor es la más transformadora a tu alcance, y has hecho los deberes de informarte bien, entonces sí: pon toda tu perseverancia al servicio de sacarla adelante.

Por este motivo es imprescindible formarse y actualizarse constantemente. Queremos personas constantes en lo importante, pero también capacitadas en los métodos y herramientas más eficaces. Si recurrimos a estrategias desfasadas o vías de comunicación caducadas, el mayor de los entusiasmos no evitará que nos quedemos atrás.

De ahí la necesidad vital de la estrategia. Si de verdad anhelamos un mundo mejor para los animales, debemos asegurarnos de que nuestras acciones tengan posibilidades reales de marcar la diferencia.

Nadar largos en la piscina a diario no te preparará para batear en un partido de béisbol: si quieres jugar al béisbol, tienes que saltar al campo y coger el bate.

Del mismo modo, debes enfocar tus horas de activismo de forma estratégica para que todo ese derroche de energía se transforme en victorias tangibles para los animales.

De lo contrario, estarás dejándote la piel en cavar con una cuchara.

(A veces, pequeños ajustes a tácticas que ya funcionan multiplican el resultado de manera exponencial. Si mantienes conversaciones en la calle sobre veganismo y derechos animales durante las acciones de We The Free, puedes grabarlas y subirlas a redes. Ese mismo diálogo, que antes quedaba en una sola persona, ahora puede alcanzar a cientos o miles de espectadores).

Teje tu red de apoyo: la fuerza de la comunidad

Por último, un pilar insustituible de la constancia reside en con quién te rodeas y de qué colectivos formas parte.

En su libro Grit, Angela Duckworth lo dice con total claridad: «Si quieres tener más determinación, busca un entorno tenaz y únete a él».

Cita de Angela Duckworth sobre la importancia de integrarse en un entorno constante. Diseño creado con Canva.

Por pura inercia tendemos a imitar lo que hacen nuestras amistades, familia o colegas. Por eso es tan decisivo tener a otras personas afines a los animales cerca: te darán el apoyo moral necesario para sostenerte en el tiempo. Sin ese sostén humano, la marea cotidiana suele devolvernos al conformismo general.

Imagina, por ejemplo, que quieres formarte a fondo en estrategias de defensa animal completando las seis semanas del itinerario formativo de Animal Justice Academy. Se te plantean dos caminos:

  1. Hacer el curso por tu cuenta frente a la pantalla.
  2. Sumarte a un grupo de cinco personas que quedan cada martes por la tarde durante dos horas para ver las sesiones y debatirlas juntas.

¿Con cuál de las dos opciones crees que tendrías más probabilidades de terminar el curso?

Como le ocurre a la gran mayoría, el aprendizaje en grupo dispara el compromiso. Cuando compartimos camino con otras personas con pautas claras, nos sentimos en la responsabilidad de cumplir y llegar hasta el final.

Si estás a solas, cualquier imprevisto o plan de última hora te distraerá con facilidad. Habrá quien te invite a otros compromisos y, sin un equipo que te acompañe y te motive, es muy fácil ceder a la pereza o a la presión del momento.

Nuestra especie es profundamente gregaria y tiende a alinearse con el grupo de pertenencia: si nuestra gente de confianza hace algo, es extremadamente probable que nos sumemos a la corriente. Las dinámicas sociales influyen de forma determinante en nuestras decisiones diarias.

Red social donde un punto verde (una persona vegana) aparece rodeado de puntos rojos (personas no veganas). Fuente: Connect For Animals, ponencia de Steven Rouk sobre influencia social en la defensa animal.

El ensayo Conectados: El sorprendente poder de nuestras redes sociales y cómo nos moldean profundiza en cómo las conductas de nuestro círculo directo —e incluso las de las amistades de nuestras amistades— condicionan nuestras propias decisiones cotidianas.

En su obra, Duckworth recoge también unas palabras muy reveladoras del investigador Dan Chambliss: «A mi juicio, hay un camino difícil para adquirir constancia y otro sencillo. El camino difícil es hacerlo en soledad. El sencillo es aprovechar la tendencia natural a encajar: si te rodeas de personas perseverantes, actuarás de manera mucho más constante».

Si aspiras a consolidar un hábito o un rol activo, la vía más directa es integrarte en un espacio donde todo el mundo ya lo practica a diario.

Por tanto, el último eslabón —y quizá el más decisivo— es construirte una red de apoyo integrada por gente que comparte tus metas o que, al menos, respalda activamente tus pasos aunque no milite a tu lado.

Si quieres ayudar a los animales, intégrate en un equipo que luche por ellos. Rodéate de personas comprometidas con la causa. Crea comunidad.

Una excelente manera de empezar es participando en encuentros del sector. En la plataforma Connect For Animals encontrarás multitud de convocatorias y actividades (tanto presenciales como virtuales), así como grandes encuentros internacionales que reúnen al activismo global, como la cumbre Animal & Vegan Advocacy Summit. Estos foros son perfectos para hacer amistades y tejer esa red de complicidad imprescindible.

Quizá al arrancar sientas que no te hace falta acompañamiento. Pero tarde o temprano lo necesitarás: a los doce meses, a los dos años o a los cinco. Empezar suele ser fácil; mantenerse en pie año tras año es el verdadero desafío.

Y si falta esa red en los momentos duros, aumentan las papeletas para quemarse, tirar la toalla o descolgarse poco a poco.

Unirte a un colectivo activo y con empuje es el mejor antídoto frente al desgaste.

Empápate de contenidos que alimenten tu causa

El tipo de lecturas y contenidos con los que nutres tu día a día también puede funcionar como un respaldo valioso en momentos de soledad.

Cuando lees libros sobre liberación animal, escuchas podcast especializados o ves documentales de denuncia, refuerzas tus convicciones más íntimas. Mantienes el fuego encendido y pones a tu mente a trabajar en posibles soluciones, lo que consolida tu compromiso en el largo plazo.

A mí, por ejemplo, me marcó profundamente el libro The Longest Struggle: Animal Advocacy from Pythagoras to PETA, de Norm Phelps. Lo leí hace años a lo largo de varias semanas, y durante todo ese tiempo no dejé de darle vueltas a la historia de nuestra causa. Me ayudó a comprender que formo parte de una carrera de relevos milenaria que se remonta a siglos atrás y que continuará en el futuro. Aquella lectura arraigó mis raíces activistas.

Catálogo de libros sobre derechos animales en la web de Lantern Publishing & Media. Fuente: Lantern Publishing & Media

También cuentas con formación especializada en activismo, como los módulos y recursos de la página de Formación para Activistas de We The Free, el itinerario de Animal Justice Academy o los cursos recopilados por Animal Charity Evaluators y en la sección de recursos de Connect For Animals.

Aunque un libro, un podcast o un vídeo no sustituyen el abrazo y el calor de un equipo de personas reales, son un complemento excepcional. Lo ideal es combinar ambas fuentes de motivación.

Conclusión

Cambiar el destino de los animales requiere tiempo, dedicación y mucha entereza. Para sostener el paso en el tiempo, necesitamos cultivar una constancia a prueba de bombas.

El compromiso continuado y la capacidad de superar contratiempos nos acercan a las grandes metas, porque el esfuerzo pesa mucho más que el talento en el largo plazo. (No olvides que «el esfuerzo cuenta el doble»).

Para blindar tu constancia en la defensa de los animales, pon en práctica estas claves:

  1. Confía en tu margen de mejora. (Mentalidad de crecimiento).
  2. Explora distintas opciones antes de elegir.
  3. Dota a tu labor de un sentido trascendente.
  4. Entrena de forma deliberada y exigente.
  5. Aprende activamente de la experiencia ajena.
  6. Construye tu propia red humana de apoyo.

Y si tuviéramos que resumirlo en tres principios esenciales, serían estos:

  1. Mantén el rumbo en una misma dirección.
  2. Crece y persevera frente a las adversidades.
  3. Aprende sin descanso y busca superarte cada día.

Al integrar esta visión, verás con claridad que esto es una carrera de fondo, no un esprint. Comprenderás lo prioritario que resulta cuidarse, evitar el agotamiento y bajar el ritmo cuando el cuerpo y la mente lo pidan.

Porque los cambios históricos se conquistan así: semana a semana, año tras año. La perseverancia y el impacto real exigen mantenerse en pie; y para no caerse, hay que saber cuidarse.

A veces las cosas se aceleran de improviso, y como activistas debemos estar a punto para aprovechar esas coyunturas históricas. Pero lo habitual es que las transformaciones profundas tarden décadas enteras en fraguarse.

Y aunque soñemos con ver erradicada la explotación animal en lo que nos queda de vida, la cruda realidad es que nos enfrentamos a una causa de múltiples generaciones. Incluso si lográsemos desmantelar las granjas industriales mañana en un país entero, quedaría la tarea ingente de replicarlo en el resto del planeta. Y aun cuando termine la explotación legalizada, hará falta vigilar e impedir abusos en la clandestinidad.

Más allá de eso, queda el sufrimiento de los animales en la naturaleza —un debate complejo y necesario en el que la mayoría del propio movimiento apenas ha empezado a reparar, por no hablar del conjunto de la sociedad—.

Esta es una lucha histórica que atraviesa generaciones. Quizá sea la tarea más noble encomendada a las mentes conscientes de este planeta: lograr que todas las vidas sintientes puedan vivir en paz.

Por eso no se trata de buscar atajos mágicos para solucionarlo todo de aquí a mañana. La pregunta de fondo es: ¿tienes la disposición de dar con una causa verdaderamente justa y entregarle lo mejor de ti durante años?

Pese a las trabas que surjan, cueste lo que cueste: ¿asumes el reto de mantenerte firme por los animales?

Porque si das ese paso, estarás en el camino de conseguir algo verdaderamente trascendental.

Próximos pasos

Ideas prácticas para empezar a entrenar tu constancia hoy mismo:

  1. Haz el test de determinación y perseverancia.

  2. Crea tu cuenta en Connect For Animals para descubrir citas, convocatorias y materiales de apoyo.

  3. Elige una sola habilidad que quieras potenciar e intégrate en un equipo que la desarrolle de forma activa. Aquí tienes algunas ideas:

    • Súmate a la comunidad de We The Free para dar tus primeros pasos en activismo a pie de calle o en campañas digitales. (¡Y si lo tuyo es escribir artículos, el diseño gráfico, la producción audiovisual, el posicionamiento web o la programación, también tenemos un sitio para ti!).
    • Si quieres escribir columnas e investigaciones en defensa animal, contacta con Sentient Media o colectivos similares centrados en la comunicación escrita.
    • Si te dedicas a la programación o al diseño gráfico y quieres poner tu oficio al servicio de la causa, conecta con Vegan Hacktivists o proyectos tecnológicos afines.
    • Si buscas compañeres en tu localidad, explora los grupos de activismo y veganismo en plataformas como Meetup.

Recursos complementarios

1. Deserción en el veganismo y vegetarianismo
2. Henry Spira
3. Influencia y contagio social
4. Libro «Grit: El poder de la pasión y la perseverancia», de Angela Duckworth: https://angeladuckworth.com/grit-book/
5. Libro «Mindset: La actitud del éxito», de Carol Dweck: https://www.amazon.com/Mindset-Psychology-Carol-S-Dweck/dp/0345472322
6. Libro «Amplitud (Range)», de David Epstein: https://davidepstein.com/range/
7. Libro «Algoritmos para la vida cotidiana»: https://algorithmstoliveby.com/
8. Formación de Animal Justice Academy: https://training.animaljusticeacademy.com/products/animal-justice-academy
9. Connect For Animals