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3 grandes ventajas del veganismo que quizá no conocías

Por Lee Pillar · 26 de julio de 2025
3 grandes ventajas del veganismo que quizá no conocías

El veganismo y la liberación animal van de la mano. No se puede creer de verdad en uno sin respaldar la otra. No existe ser «vegan por el planeta» o «vegan por salud», porque en su raíz más pura, el veganismo es una postura ética firme para acabar con la explotación y el sufrimiento animal. El veganismo es, y siempre será, por y para los demás animales.

Dicho esto, conviene recordar que hacerse vegan aporta beneficios que van mucho más allá de la lucha animalista, con repercusiones colosales que quizá ni imaginas, o al menos no en toda su magnitud.

Impacto en el planeta

La agricultura, la ganadería, la silvicultura y otros usos del suelo figuran entre las principales causas de emisión de gases de efecto invernadero según la FAO, representando entre el 18 % y el 24 % del impacto global. Solo la ganadería genera el 14,5 % de ese total; el resto se debe a la deforestación y la quema de terrenos para sembrar pastos y gestionar suelos.

Estas cifras son alarmantes si medimos la huella que deja el consumo de productos de origen animal en la atmósfera y los ecosistemas (sobre todo teniendo en cuenta que no necesitamos comer animales para sobrevivir). La tala de bosques es especialmente crítica: los árboles estabilizan el clima absorbiendo dióxido de carbono y liberando oxígeno. Cada vez que talamos uno, no solo se libera a la atmósfera el carbono acumulado, sino que perdemos para siempre un filtro natural que limpie el aire. A gran escala, este desbalance es devastador. Investigaciones de la Universidad de Oxford señalan que si toda la humanidad adoptase una alimentación 100 % vegetal, podríamos liberar el 75 % del suelo agrícola actual, destinando ese espacio a reforestar, recuperar la vida silvestre y regenerar la tierra.

Por si fuera poco, la pesca comercial está arrasando el delicado equilibrio de los océanos. Gigantescos buques pesqueros vacían los mares a un ritmo insostenible, mientras kilómetros de redes de arrastre destrozan el fondo marino y sus hábitats. El 83 % del ciclo global del carbono ocurre en los océanos, pero solo funciona si los ecosistemas se mantienen intactos. Cuando vaciamos los mares y destruimos su biodiversidad, quebramos la estabilidad de todo el clima.

La ciencia no deja lugar a dudas: nuestras decisiones en el plato no son neutrales ante la crisis ecológica. Consumir productos de origen animal agrava la emergencia climática de forma directa; alimentarnos de plantas es actuar a favor de la vida y el planeta.

Tu salud

Hablar de salud suele ser uno de los temas estrella en cualquier conversación sobre veganismo. Se han publicado decenas de estudios y documentales que analizan el impacto de dejar atrás los productos de origen animal, pero las dudas siguen en el aire.

Lo primero que conviene tener claro es que el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la OMS ha clasificado la carne procesada en el Grupo 1 (cancerígena para el ser humano) y la carne roja en el Grupo 2A (probablemente cancerígena), lo que sitúa a quienes las consumen ante un riesgo mucho más alto de desarrollar ciertos tipos de tumores.

El segundo gran problema de las dietas basadas en animales son las enfermedades cardiovasculares. Son la principal causa de muerte en el mundo, responsables de cerca del 32 % de los fallecimientos globales, con la cardiopatía isquémica provocando el 13 % de las muertes. Aunque influyen el tabaco o el sedentarismo, el mayor factor de riesgo es una alimentación repleta de grasas saturadas y trans, abundantes en carnes rojas, embutidos y lácteos (especialmente el queso). Estas grasas disparan el colesterol, taponan las arterias con el paso de los años y multiplican las opciones de sufrir coágulos, que es como ocurren los infartos. Una alimentación basada en plantas e ingredientes integrales no contiene colesterol dietético y es naturalmente baja en grasas saturadas: la alternativa más sensata si buscas blindar tu corazón frente a la mayor amenaza para la salud mundial.

Además, los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU. (NIH) han demostrado que una dieta vegetal equilibrada no solo ayuda a prevenir la diabetes tipo 2, sino que reduce drásticamente sus probabilidades de aparición, y que el estilo de vida vegano ayuda a frenar trastornos neurodegenerativos como el alzhéimer.

La ciencia es rotunda: muchos de los mayores riesgos para tu bienestar se reducen al mínimo cuando decides dar el paso y alimentarte de plantas.

Salud pública

Las enfermedades zoonóticas (aquellas que saltan de animales a humanos) suponen una de las amenazas más serias para la salud pública global. Aun sabiendo que nos jugamos catástrofes de proporciones mundiales, seguimos mirando hacia otro lado sin poner freno a las causas de raíz.

Los virus mutan sin descanso para encontrar nuevos huéspedes y expandirse. Los virus de la gripe A, por ejemplo, son muy comunes en aves, sobre todo en patos. Si no hubiésemos alterado sus vidas, el riesgo habría sido mínimo; al hacinar y criar patos, el virus entró en contacto directo con gallinas y cerdos. Estos últimos son un peligro añadido, ya que pueden infectarse con cepas aviares y humanas al mismo tiempo, convirtiéndose en el laboratorio perfecto para la llamada «reclasificación genética», donde surgen variantes mucho más virulentas, mortales e impredecibles. Basta una sola mutación para dar el salto al ser humano. Y si los síntomas tardan en manifestarse o parecen leves al principio, para cuando suena la alarma la propagación se vuelve casi imposible de frenar.

Innumerables epidemias tienen su origen directo en la domesticación, la ganadería o el consumo de carne, entre ellas la tuberculosis, el sarampión, el VIH, el ébola y la gripe porcina. De hecho, se calcula que el 75 % de las enfermedades emergentes son de origen zoonótico.

El problema se multiplica cuando las granjas y macrogranjas fuerzan condiciones insalubres que sirven de caldo de cultivo para nuevos patógenos. La encefalopatía espongiforme bovina («el mal de las vacas locas») surgió cuando se empezó a alimentar al ganado vacuno con harinas elaboradas con restos triturados de otros animales. Aquella plaga nunca debió existir: al forzar a animales herbívoros al canibalismo para abaratar costes, creamos una patología nueva y letal.

Por si fuera poco, los piensos de la ganadería industrial están cargados de antibióticos para evitar infecciones masivas y acelerar el engorde. Se calcula que el 66 % de los antibióticos que se fabrican en el mundo se destinan al ganado. Esto provoca que las bacterias muten y se vuelvan inmunes, dejando a la medicina moderna sin armas eficaces para protegernos. Según las previsiones, en 2050 morirán 10 millones de personas al año por infecciones resistentes a los antibióticos.

La cantidad de muertes evitables que acarrea la explotación animal resulta inconcebible: desastres climáticos, colapsos cardiovasculares y pandemias mundiales. Todo por negarnos a dejar en paz a los demás animales.

Existe una respuesta tan directa como transformadora para frenar todo esto, y está a tu alcance ahora mismo:

HAZTE VEGAN.

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Fuentes y recursos adicionales: